Samstag, 14. November 2009

Viaje a mi casa

Hola a todos malditos zampapitos oxidados. Hoy vuelvo a escribir en el blog porque estoy de buen humor. La verdad es que desconozco la razón, porque me he levantado hecho un asco, con un resaconcio de pelotas, no me he duchado y tengo casi hasta rastas en el pelo. Pero me molo mucho a mí mismo y he salido a la calle con pintas de pordiosero y aparentando apestar a estiércol. Y digo aparentar, porque yo nunca huelo mal, soy absolutamente inodoro (los que me conocen ya saben mis teorías). Y nada, con mi mochila he ido con gran entusiasmo a adquirir alimentos a los comercios aledaños a mi morada.

Además, hoy tenía una cita con mi sucursal bancaria y me lo he pasado por la envoltura testicular. Resulta que un señor me llamó para ofrecerme tarjetas de crédito y quería por todos los medios que acudiese a la sucursal personalmente. Dado que entre semana me es imposible por mi curro, el coleguita me hizo una cita para hoy sábado, es decir, el tío iba a trabajar un día no laborable por mi culpa. La cita era a las 13:00 y yo me he levantado a las 15:00. El señor se habrá cagado en toda mi estirpe.

Pero, ¿por qué se ha levantado Ultra-Yan tan tarde? ¿No ha sido este acto un poco irresponsable sabiendo que hoy tenía una importantérrima cita en el banco? ¿Habrá hecho el señor de la sucursal vudú conmigo? Lo del vudú no lo sé, pero lo de levantarme tarde es sencillo: ayer estuve en una fiestita. No fue nada especial, simplemente cervezas y música. Pero, a mitad de la noche tenía tanto sueño que creo que estuve todo el rato flotando en la pista de baile. De modo que hice una bomba de humo y desaparecí súbitamente como un ninja nocturno.

El asunto es que salí del guateque creo que sobre las 4 de la madrugada preparado para coger el tranvía que me dejaba al lado de mi casa. Pero, no se sabe por qué motivo, cogí el primero que ví sin pensar que quizás no era el mío. Y, cómo no y como suele ser habitual en mí, me senté y me dormí a los 5 nanosegundos. Pasado un tiempo X desconocido, un joven me despertó en un recóndito lugar de Múnich, imagino que en el final de la línea X del tranvía que cogí. De modo que me bajé y, al percatarme de que estaba en medio de la nada y no había ni Peter Petrelli para preguntar, me di una minivuelta y me volví a subir en el mismo tranvía para hacer el mismo recorrido de vuelta (el conductor estaba flipando). Y a pesar de la titánica concentración de esfuerzo que realicé para no dormirme de nuevo, me volví a sobar esta vez a los 2 picosegundos.

De repente, me desperté a los X minutos/horas/loquesea sobresaltado y miré a mi alrededor: no conocía nada. Y decidí bajarme del tranvía inmediatamente, cosa totalmente ilógica, porque me di cuenta de que aún estaba en la periferia de la ciudad, es decir, de haber permanecido en el tranvía hubiera llegado al centro y una vez allí me hubiera cambiado a la línea que me llevaría hasta mi casa.

Y así deambulando en medio de la noche encontré una parada de U-Bahn (metro) y me bajé a coger la línea que fuese, cagándome en todo lo que se meneaba cuando observé que la frecuencia de trenes era 1 cada 94 siglos. Así que decidí dormir de nuevo. Y tras otro tiempo X otro gentil señor con pinta de metaloso me despertó avisándome de que el tren estaba llegando. Así que entramos juntos al vagón y estuvimos charlando brevemente hasta que el tío se bajó en su parada, advirtiéndome de que no me durmiera de nuevo. Qué amable caballero.

Tras un par de paradas, mis ojos se iluminaron: en la siguiente estación podía por fin coger la ansiada línea que me llevaría a mi casa. De modo que decidí levantarme y esperar de pie para no dormirme de nuevo. Y ya me bajé y fui caminando felizmente al andén definitivo. Sin embargo me llevé una desagradable sorpresa al ver que, al igual que antes, la frecuencia de trenes era 1 cada 138 kilomilenios. Pero esta vez no quería dormirme, esta vez era definitivo y había que aguantar, de modo que me puse a dar vueltas por el andén, a darme hostias, a saltar, en fin, a mantenerme activo.

Y así entre saltos y leches, llegó el tren final y absoluto, y me subí casi con lágrimas en los ojos. Por fin iba a llegar a mi casa. Estaba tan contento que la excitación evitaba que me durmiera de nuevo. De modo que por fin me bajé en mi parada y, ya de día, fui caminando hacia mi casa con la mayor alegría del mundo. El sonido de la llave abriendo la puerta, el calorcito de la calefacción, mis blanditas pantuflas, todo era maravilloso. Eran ya las 8 de la mañana cuando me metí en la cama como si hubiera ganado la lotería. Balance final: 4 horas para un trayecto que, de no haber hecho el canelo, hubiera durado 15 min.

Lo peor de todo es que esta historia se repite SIEMPRE al menos una vez al mes, y ya me estoy empezando a acostumbrar. Y colorín colorado esta historia ha finalizado. Os deseo a todos/as cosas bonitas. Servus.

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