Samstag, 22. Mai 2010

MGALD: The Revenge of the Uruk-Ñú (parte 7)

Hola a todos los soplapenes lectores de este putrefacto y asqueroso blog. Hoy vuelvo a la carga con nuevas ideas listas para destrozar vuestras sucias y pervertidas mentes. Numerosos cambios han ocurrido desde mi última entrada. Para empezar, ha venido un nuevo becario a la empresa. Y lo bueno es, ¡que me lo han encasquetado a mí! Sí señores, tengo un discípulo al cual estoy entrenando en las técnicas de combate anti-uruk-ñús. Para él yo soy la sabiduría y la verdad absoluta, así que de momento hace todo lo que le ordeno. Ultra-Yan se ha convertido finalmente en maestro y mentor de alguien y se siente completamente orgulloso de ello.

Además, el Bayern de Múnich ha ganado la bundesliga y para celebrarlo montaron un escenario en la plaza del ayuntamiento. Pero bueno, eso no era lo importante. Lo que realmente merecía la pena era la CERVEZA GRATIS que daban a todos los asistentes. Así que os podréis imaginar cómo acabamos aquella fatídica tarde de domingo, y al día siguiente tocaba currar como un bastardo. Puto Van Gaal (y qué cachonda la camarera por cierto).


Bueno, también comentar que realicé hace unos días un viajecillo con Román, Pichi y una amiga de Pichi por Eslovenia y el norte de Italia. No estuvo nada mal, conocimos bastante gentecilla y a varias féminas vitrinosas, haciendo especial mención a dos argentinas increíbles que compartieron habitación (que no cama) con nosotros en el albergue de Trento y que se merecían más de un 10 en la escala de hermosura.

Pues nada, aparte de todo lo que ya he contado (que no es poco) han ocurrido otras tantas cosas más, pero ahora mismo no me acuerdo y no me apetece buscar en mi memoria, así que paso de mierdas y continuamos con el relato de MGALD:

Pues nada, tras la brutal demostración de capacidad intelectual de MD, mi compa de curro acabó hasta el pene y al final del día fue a hablar con el superior. La verdad es que no hizo falta decirle nada: el jefe estaba completamente al tanto del asunto. Seguramente ya habría sufrido en sus propias carnes la pesadilla de trabajar con MD y la opinión general era clara: la Mega-Delineante era una enorme masa graso-sebácea con patas cuya valía era inferior a la de una larva de pulgón austro-húngaro.

Sin embargo había demasiado que hacer en la oficina y el jefe estaba tan ocupado que no podía encargarse de ningún papeleo más. Parecía que de momento MD se estaba salvando, pero tampoco hacía nada por mejorar su trabajo, era algo increíble. Era como si no se diese cuenta de que era una puta inútil, que lo que hacía no valía para nada, que su colaboración en la empresa era absolutamente negativa, que ralentizaba nuestro ritmo laboral... en fin, que nos estaba jodiendo a todos la puta vida.

Pero lo que más me reventaba era que claro, dado que MD era una auténtica inepta física y cerebral (digo física también porque apenas podía moverse un par de metros sin parar a descansar unos minutos), parecía que La Delineante (sí, la auténtica y original) era la repanocha. Sí, acojonante señores. Por primera vez en la historia los números apoyaban a La Delineante: si sus planos tenían una media de 976 errores por mm2, los de MD tenían 4.190.263 errores por μm2, vergonzoso, absolutamente desolador.

Y pasaban las horas, los días y las semanas y yo me preguntaba: ¿Por qué cojones tengo que trabajar al lado de estas elefantes marinas urukñuínas que, además de ser más feas que un cachorro de orco cruzado con un troll leproso, eran la mayor catástrofe que la madre naturaleza había permitido sobre la faz de La Tierra? Comencé a maldecir al destino, al karma y a los 4 dioses congoleños que estaban permitiendo que esto ocurriera.

Mi salud comenzó a deteriorarse y mi ánimo a desvanecerse. Los días eran grises y no había ni un solo rayo de luz que augurara un poco de esperanza. Parecía que la mala suerte se había cebado conmigo. La paranoia comenzaba a apoderarse de mi mente y las pesadillas a proliferar durante las noches. Ultra-Yan estaba agotado, no veía la salida y estaba a punto de rendirse.

Pero un día, el jefe llamó a MD a su oficina. Ésta, cómo no, tardó 47 minutos en levantarse y 2 horas y 34 minutos en dar los 9 pasos de distancia que separaban ambas habitaciones. Por supuesto, para atravesar la puerta necesitó también 89 minutos, tiempo necesario para reubicar sus grasas para adaptarlas al marco de ésta y poder pasar sin tener que destruir la pared. Y la puerta de repente se cerró, dejando un eco que se oyó en todo el pasillo...

Continuará...

¡¡¡Esto chavales ya huele casi a final!!! ¡¡¡En la próxima entrada habrá que finiquitar el relato!!! ¿Qué habrá pasado? ¿Qué le habrá dicho el jefe a MD? ¿Será una charla sin más o le habrá firmado el finiquito? O es más, ¿se habrá comido MD al jefe? ¡¡¡La próxima entrada será la definitiva!!! ¡¡¡En plan Lost!!! Servus.

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