Samstag, 13. März 2010

El veinticincoavo simposio anual de energía solar fotovoltaica (parte 1)

Muy buenas a todos los malditos bastardos sin honor lectores de este ominoso y funesto blog (¡Wow! ¡Ominoso y funesto, qué cultura!). Hoy no tengo mucho tiempo, de modo que intentaré ser conciso. De hecho no tenía intención de escribir, pero como ya dije me propuse meter al menos dos entradas al mes, y si este fin de semana no lo hacía ya se me amontonaba todo a final de mes y no me apetecía la idea.

Bueno, pues qué deciros de mi vida, sigue igual como siempre. El caso es que estuve hace unas semanas en un simposio acerca de energía solar celebrado en un pueblo perdido en la mitad de la región de Rhovanion. Por supuesto, la cantidad de freaks por metro cuadrado era brutal y los temas de conversación no eran muy variados. Además, aproximadamente un 99,98 % de los asistentes eran del sexo masculino, convirtiendo cada acto en un auténtico campo de nabos solares.

Sin embargo, el cierre estuvo marcado por un acontecimiento que recordaré durante toda mi vida: para finalizar el simposio, se organizó una fiesta en la cual, sabiendo que el inmenso porcentaje de asistentes eran masculinos, decidieron invitar a una banda de música llamada 'Die Damen-Band'. Esto, traducido al castellano para los subnormales que no lo hayan entendido, significa 'La Banda de las Damas'.

La curiosidad me estaba matando ya desde el primer día. Me preguntaba a mí mismo: ¿Cómo será la fiesta? ¿Asistirá en serio toda la gente? ¿Será la banda de música realmente sólo de mujeres? Y en caso de que de verdad lo sea, ¿serán mujeres de verdad o una mezcla entre trolls y orcos eunucos? O aún peor... ¡¡¡serán Uruk-Ñús!!! Sin embargo, sobre todas las cosas la principal pregunta que me hacía era sin duda alguna: ¿Habrá Risketos o pondrán sólo Boca-Bits?

Así, entre conferencia y conferencia el tercer día llegó. Tras la larga jornada de presentaciones y discursos los actos del día terminaron y comenzaron ipso facto a servir cerveza a tutiplén. Era maravilloso, simplemente debías estar de pie en medio de la gente sin hacer nada, y en cuanto una camarera te viese sin una jarra en la mano, venía inmediatamente a servirte una. Además era una refrescante cerveza alemana hecha de forma tradicional durante siglos por los monjes capuchinos. Todo era simplemente perfecto.

La tarde comenzaba de una forma fabulosa. Mi compañero de trabajo y yo no hacíamos más que dar vueltas estúpidas entre los stands, preguntando absurdeces a los vendedores que allí estaban (éstos por supuesto también con su jarra de refrescante cerveza) y recogiendo folletos de todos los tamaños y colores, sin saber en realidad de qué trataban o qué información contenían. La cerveza era lo más importante y todo lo demás era secundario. Cuando nos acabábamos la jarra, de forma instantánea nos la quitaban y nos daban una llena. No te daban tiempo ni para descansar, su misión era definitivamente proporcionar a la gente una cantidad industrial de alcohol para que te enganchases el pedal del siglo. Y nosotros, bien contentos que estábamos con la idea.

Así, tras X jarras y una cena bien rica, fuimos hacia la sala de conferencias donde se iba a celebrar la fiesta. Las sillas que por la mañana abarrotaban la sala habían sido retiradas, dando paso a un escenario iluminado de forma tenue por luces sirodimensionales (tecnología lumínica proporcionada por la discoteca Diofántika). La gente iba entrando poco a poco en la sala, todos por supuesto con sus respectivas jarras y algo más contentos de lo normal.

De repente, la gente se calló por completo. Yo estaba un poco desconcertado, ¿qué es lo que estaba pasando? ¿Por qué la gente, que antes estaba charlando de forma muy animada, repentinamente habían dejado de hacerlo? Y sobre todo, ¿Por qué, a pesar de los grandes sorbos que le daba a mi jarra, parecía que el líquido no bajaba?

Es entonces cuando miré hacia atrás y me quedé brutalmente absorto: eran ellas, 'Die Damen-Band', que estaban entrando por la puerta. Yo me frotaba los ojos porque no me creía lo que estaba viendo. Estaba flipando en technicolores. Y mi compi de curro por supuesto también. Los dos nos miramos con cara de: ¿estás viendo lo que yo estoy viendo o es que la brutal cantidad de cerveza que hemos ingerido nos ha nublado los sentidos? Pero no, no eran alucinaciones nuestras, la sala entera estaba igual que nosotros... y lo que pasó horas después fue simplemente escalofriante...

Continuará...

PD: En la próxima entrada finalizaré este mini-relato que he colado en medio de la historia de MGALD, que por supuesto no ha finalizado aún y que también continuará. Estad atentos. Servus.

1 comentarios:

Fresh hat gesagt…

Joder, nadie como tu sabe dejar en ascuas a la gente!! Esperaré ansioso.

Felicidades tio!!! Aunke con un poco de retraso ;)

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