Hola malditos lamefarolas de tamaño XXXXXL. Hoy he empezado esta entrada porque sí, porque no tenía nada mejor que hacer y estaba aburrido. Y en vez de ir a la cama, pues escribo un poco en esta mierda blog. Como habréis observado, el nombre de la entrada es un tanto extraña. No sabía qué poner, y me ha venido a la mente este refrán que leí hace unos días por internet. Le he dado 9820 vueltas y he intentado buscar su significado, pero tras varios días reflexionando, no tengo ni la más jodida idea de lo que quiere transmitir. Si alguien sabe qué cojones significa, por favor hágamelo saber.
Y bien, bueno, hoy ha sido uno de esos días en los que te levantas de mala hostia. No se sabe por qué, pero te levantas con ganas de reventar todo por los aires. No hay razón ni explicación, simplemente es así y punto. ¿No os ha pasado alguna vez a vosotros también? Seguro que sí. Sólamente Eduard Punset sabe el porqué de este comportamiento. Pero desgraciadamente no tengo su correo personal, así que me tendré que quedar con la duda. Si alguien puede explicar esto también, por favor hágamelo saber.
Bueno, una de las anécdotas del día ha sido que dos mujeres de mediana edad, me han hecho guiños en el S-Bahn (digamos que es el cercanías de Alemania). Además han sido DOS, y en diferentes instantes de tiempo. Y la verdad es que no sé por qué. Lo típico: entras en el tren, hay bastante gente, miras un poco a tu alrededor y de repente cruzas tu mirada con alguien... y ese alguien te hace un guiño. Hay diferentes posibilidades:
1. Que tuviese un moco colgando y no me diese cuenta, con lo cual querían avisarme (como buenas personas que son) de que estaba haciendo el ridículo frente a tanta gente.
2. Que yo tenga un "tic" que ni siquiera yo mismo me haya dado cuenta de que lo tengo hasta ahora y que justo al mirar hacia esa persona me diera el "tic" repentinamente, haciendo que esa misma persona me responda con otra señal (simplemente como un gesto de amabilidad o un "acknowledge").
3. Que sea la otra persona la que tenga un "tic".
4. La última opción: molo mucho, la gente me adora y quieren interaccionar conmigo de cualquier manera.
Si a alguien se le ocurre alguna otra posibilidad que no sea las que he relatado, al igual que he dicho en párrafos anteriores, por favor hágamelo saber.
Por último os contaré que hoy (también en el S-Bahn) había una muchachita de muy buen ver de pie enfrente de mí. El tren estaba bastante lleno, de modo que la distancia que separaba nuestros cuerpos era pequeña. Esa muchacha llevaba una blusa blanca, con un esplendoroso escote, que mostraba gentilmente sus grandes dotes. Evidentemente yo, un hombre, de mala hostia esa mañana, medio dormido y con el tren lleno de gente, pues quedé prendado ante tal regalo visual. Además, a qué o a quién cojones iba a mirar, ¿a las mujeres que me hacían guiños? ¿Al gordo (fuente transmisor de calor) que tenía a mi izquierda? ¿Al techo? ¿O taparme los ojos? O mejor, ¿arrancármelos? Pues claro que no, vosotros hubierais hecho lo mismo, tanto hombres como mujeres. ¿Qué hay de malo en apreciar la belleza de las cosas? Eso era arte contemporáneo, algo bonito, para disfrutar.
Total, la piba se dio cuenta e inmediatamente se abrochó los 16.59 botones. Yo no pude aguantar la risa y solté una minicarcajada. Y ella, en vez de refunfuñar o mirarme mal, apartó la vista y sonrió tímidamente. Ella sabía que había logrado su misión: captar la atención de un capullo. Y estaba realmente satisfecha por ello. A la siguiente parada se bajó del tren, marchándose con ella ese momento pseudo-guay que habíamos compartido. Servus.
PD: Próximamente... ¡más!
Y bien, bueno, hoy ha sido uno de esos días en los que te levantas de mala hostia. No se sabe por qué, pero te levantas con ganas de reventar todo por los aires. No hay razón ni explicación, simplemente es así y punto. ¿No os ha pasado alguna vez a vosotros también? Seguro que sí. Sólamente Eduard Punset sabe el porqué de este comportamiento. Pero desgraciadamente no tengo su correo personal, así que me tendré que quedar con la duda. Si alguien puede explicar esto también, por favor hágamelo saber.
Bueno, una de las anécdotas del día ha sido que dos mujeres de mediana edad, me han hecho guiños en el S-Bahn (digamos que es el cercanías de Alemania). Además han sido DOS, y en diferentes instantes de tiempo. Y la verdad es que no sé por qué. Lo típico: entras en el tren, hay bastante gente, miras un poco a tu alrededor y de repente cruzas tu mirada con alguien... y ese alguien te hace un guiño. Hay diferentes posibilidades:
1. Que tuviese un moco colgando y no me diese cuenta, con lo cual querían avisarme (como buenas personas que son) de que estaba haciendo el ridículo frente a tanta gente.
2. Que yo tenga un "tic" que ni siquiera yo mismo me haya dado cuenta de que lo tengo hasta ahora y que justo al mirar hacia esa persona me diera el "tic" repentinamente, haciendo que esa misma persona me responda con otra señal (simplemente como un gesto de amabilidad o un "acknowledge").
3. Que sea la otra persona la que tenga un "tic".
4. La última opción: molo mucho, la gente me adora y quieren interaccionar conmigo de cualquier manera.
Si a alguien se le ocurre alguna otra posibilidad que no sea las que he relatado, al igual que he dicho en párrafos anteriores, por favor hágamelo saber.
Por último os contaré que hoy (también en el S-Bahn) había una muchachita de muy buen ver de pie enfrente de mí. El tren estaba bastante lleno, de modo que la distancia que separaba nuestros cuerpos era pequeña. Esa muchacha llevaba una blusa blanca, con un esplendoroso escote, que mostraba gentilmente sus grandes dotes. Evidentemente yo, un hombre, de mala hostia esa mañana, medio dormido y con el tren lleno de gente, pues quedé prendado ante tal regalo visual. Además, a qué o a quién cojones iba a mirar, ¿a las mujeres que me hacían guiños? ¿Al gordo (fuente transmisor de calor) que tenía a mi izquierda? ¿Al techo? ¿O taparme los ojos? O mejor, ¿arrancármelos? Pues claro que no, vosotros hubierais hecho lo mismo, tanto hombres como mujeres. ¿Qué hay de malo en apreciar la belleza de las cosas? Eso era arte contemporáneo, algo bonito, para disfrutar.
Total, la piba se dio cuenta e inmediatamente se abrochó los 16.59 botones. Yo no pude aguantar la risa y solté una minicarcajada. Y ella, en vez de refunfuñar o mirarme mal, apartó la vista y sonrió tímidamente. Ella sabía que había logrado su misión: captar la atención de un capullo. Y estaba realmente satisfecha por ello. A la siguiente parada se bajó del tren, marchándose con ella ese momento pseudo-guay que habíamos compartido. Servus.
PD: Próximamente... ¡más!
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